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Este niño quedó completamente solo. Pero lo que hizo este profesor demuestra que el destino existe

Esmitv

El cordobés Javier Castellano era un nómade que viajaba por el mundo haciendo mucho dinero como diseñador digital. Pero a pesar de gozar de tantos privilegios, optó por volver a su país natal, pero no a la ciudad donde pertenecía, si no que prefirió algo muy distinto a lo que estaba acostumbrado: se fue a un lugar llamada Los Algarrobos, en Argentina, con tan sólo 50 habitantes.

Compró un campo de 11 hectáreas y diseñó allí una casa de piedras con un horno de barro, para vivir una vida totalmente distinta.

“Mi idea era integrarme a la comunidad, empezar a conocer a la gente, así que me presenté en la escuela rural”, cuenta a Infobae.

Vio que en la escuela del lugar sólo había 16 alumnos, y todos estudiaban en una misma aula a cargo de una sola profesora. Javier, al ver que nadie usaba los computadores que el gobierno les había dado porque no sabían hacerlo, quiso hacer un aporte a la educación de los niños del lugar y se ofreció a trabajar gratuitamente para enseñar computación a los pupilos. 

 

 

En este contexto fue que conoció a Gabrielito cuando tenía sólo cinco años, y cambió su vida por completo.

Este pequeño se crío arriba, en la sierra junto a su abuela, Adela, y sus padres eran analfabetos. Su madre además, posee una deficiencia cognitiva, por lo quesu abuela se hizo responsable de él desde que contaba con sólo 20 días. 

“Adela vivía para él, era su tesoro. Ella vivía en el medio del campo, también era analfabeta y se las arreglaba con lo que tenía. De hecho, cuando Gabrielito empezó a caminar ella lo ponía en el corral de las cabras y él se agarraba de las cabritas y las usaba como andador”, comenta el profesor.

 

 

Su abuela, con todo su esfuerzo, dio todo por su nieto y se mudó a una pieza sin luz y con piso de tierra para que el pequeño pudiera estudiar y tener una educación distinta a la de sus progenitores. Y fue en ese entonces donde el maestro y Gabrielito crearon un vínculo irrompible hasta el día de hoy.

“Venía a mi casa, yo lo iba a visitar, le llevaba regalos para el cumpleaños, a él nunca le habían festejado un cumpleaños. Todo se fue dando naturalmente. Cuando yo lo conocí era un nene del campo, casi en estado salvaje. Cuando veía gente se escondía. Y sin embargo, él tenía algo diferente, había padecido cosas muy feas pero era un chico totalmente alegre, de esos chicos que te muestran que la alegría es una cuestión del espíritu”cuenta Castellano.

Su abuela, sin protestar, se dio cuenta de lo bien que este hombre le hacía a su nieto y dejó que se vieran cuanto quisiesen.

 

 

“Teníamos un vínculo hermoso los tres. Ella venía, llevaba verduras de la huerta, hacíamos pan en el horno de barro. Hasta que un día nos enteramos de que estaba enferma; cáncer de cuello de útero“.

Javier se llevó a la mujer a Córdoba varias veces para tratar de salvar su vida con quimioterapias, pero su destino era un solo, y cuando falleció Gabriel quedó sin hogar ni nadie que pudiera encargarse de él.

Representantes de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, de la Policía, de Acción Social, la jueza de Paz y todas las familias de la aldea se reunieron para decidir qué pasaría con Gabriel, pero nadie quería hacerse cargo.

“Yo pensaba, bueno, tal vez alguna de las familias que ya tiene hijos puede cuidarlo también a él”. Pero nadie se ofreció. “Yo, yo me hago cargo. No se puede ir de acá. Este es su lugar, ésta es su escuela. A esa altura yo ya sabía que no iba a soltarle la mano”, dijo comprometido el hombre de 35 años.

 

 

Todos fueron testigos de la mejora en los resultados de Gabriel tras los estímulos positivos por parte de su profesor.

“Se integró a toda mi familia, a mis viejos les dice abuelos, mis hermanos son sus tíos, mis sobrinos son sus primos. Y todos los veranos nos vamos todos juntos de vacaciones a Valeria del Mar”, comenta. “Me acuerdo que cuando lo iba a visitar a la mañana, él salía a mirar a los aviones pasar. Los miraba en el cielo como algo totalmente inalcanzable, ajeno a su vida. Entonces empezamos a ir de vacaciones en auto y a volver en avión. Y ahora dice que quiere ser piloto, cuenta Javier, quien además seguía llevando al chico a visitar a sus padres biológicos para que no perdiera contacto.  Pero algo estaba por suceder…

“El nuevo Código Civil dice que quienes tienen niños en guarda no pueden adoptarlos. Yo estaba angustiado por mí pero más preocupado por él, por lo que iba a significar otra pérdida en su vida”

Todo estaba en manos del juez, quien tenía que decidir si declaraban al chico en estado de “adoptabilidad”.

 

 

Preguntaron tanto a Javier, como a Gabriel y a sus padres si estaban de acuerdo con que Castellano se hiciera responsable del niño. Y todos lo estuvieron. En el proceso el pequeño se largó a llorar, lo que sacó lágrimas a todos los testigos del caso.

Amparándose a la figura de “referente afectivo”, el juez de Cura Brochero, dictó una sentencia que permitió que el profesor de transformara en padre del chico.

“El juez tuvo en cuenta que nuestro vínculo era de antes. Yo no estaba buscando a un chico para adoptar, sucedió así. Por lo general, cuando alguien adopta es decisión de los padres: un adulto que quiere tener un niño al que todavía no conoce. Esto fue otra cosa, fue una decisión mutua: Gabriel me eligió a mí y yo lo elegí a él”comentó feliz por la decisión final.

Sin duda que esta sentencia es un ejemplo para que otros chicos en las mismas situaciones tengan la oportunidad de quedar bajo la tutela de quienes en realidad lo quieren y se preocupan por ellos, y por lo demás, han conocido desde siempre.