El curso político francés comienza como terminó: con un ministro, Eric Woerth, el de Trabajo, balanceándose en la cuerda floja, cada día más cuestionado y por más gente y, a la vez, encargado de dirigir la medida más importante de lo que queda de la legislatura de Nicolas Sarkozy: la histórica reforma de las pensiones, que retrasará la edad de la jubilación de los franceses de los 60 a los 62 años y que el pr&